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Imágenes cedidas amablemente por Ana Municio (La Tribu 2.0 es colaboración) por Lamunix
Prisioneras entre muros cambiantes. A menudo, cuando pienso en la
situación de las mujeres, me vienen a la mente esas palabras de
Cernuda [2]
(aunque, como pueden figurarse, él no las decía refiriéndose a
nosotras). Hemos derribado en muy poco tiempo enormes y variados muros:
legales, mentales, espaciales, profesionales… pero comprobamos que
algunos se vuelven a reconstruir un poco más allá, con otra forma y con
otros materiales.
No estoy negando nuestros enormes avances -pues hacerlo equivaldría a
olvidar los velos, ataduras, prohibiciones, sometimientos en los que
vivíamos no hace tanto- pero forzoso es constatar que seguimos
prisioneras entre muros cambiantes, algunos de los cuales parecen
inamovibles.
Descorazona ver cómo continúan los asesinatos de mujeres, cómo la
violencia y las agresiones no cesan, como caen redes de pedófilos (lo
cual significa que se renuevan constantemente), cómo la prostitución
sigue pujante, moviendo millones de euros y gozando del beneplácito y
complacencia de buena parte de la opinión pública.
Puesto que nadie medianamente coherente ignora que somos seres
construidos, preciso es preguntarse por los mecanismos que fabrican el
caldo de cultivo necesario para que pervivan y se reproduzcan tantas y
tales tropelías y salvajadas. El patriarcado sigue vivo y en él se
cimenta una estructura simbólica y un universo imaginario que educan en
el convencimiento de que las mujeres somos seres de menor cuantía, seres
al servicio del varón. A su servicio en todos sentidos: desde la comida
hasta la cama. Desde el nacimiento hasta la muerte (incluida la muerte
por asesinato).
¿Y cuál es el papel del relato de ficción audiovisual en todo esto? Fundamental. SEGUIR LEYENDO
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creado por Jesús Hernández a las 7:44 del 26 dic 2012
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